El lobo, la oveja y el fardo de pasto

ACORDES: E / E9 / E6 / E7 / D7 / D4 / C7 / A / A7 / F / Dm / C / Bb / A9 / A6 / D9

Dale tus lágrimas al cocodrilo

Deja a la hiena reírse de ti

Busca lo dulce como el colibrí

Dile a tu perro que traiga un amigo

Se llena el arca y con el camello y el caimán

El lobo, la oveja y el fardo de pasto juntos van

Mira ese sauce llorando de pena

Oye en lo alto gritar al halcón

Cambia de traje cual camaleón

No queda seco ni un grano de arena

Se llena el arca y con la pantera y el faisán

El lobo, la oveja y el fardo de pasto juntos van

Se queda el oso sin su madriguera

Le pisan a la tortuga el talón

Cubren las deudas su caparazón

Tiemblan los búfalos en la pradera

Se llena el arca y con el gorila y el tucán

El lobo, la oveja y el fardo de pasto juntos van

Como un pájaro sin alas entierra

Nubes y ramas que no va a alcanzar

Limpia ese nido ahora invadido echado al mar

Quédate quieto que no queda tierra para andar

Mira la lluvia borrando el paisaje

Crecen las algas más cerca de ti

Goza del barro como el jabalí

La anguila también tiene un largo viaje

Sube el agua y con el tigre y el orangután

El lobo, la oveja y el fardo de pasto juntos van

¿Adónde van?

Ya se van

El lobo, la oveja y el fardo de pasto

El lobo, la oveja y el fardo de pasto

El lobo, la oveja y el fardo de pasto

El lobo, la oveja y el fardo de pasto

2022

Demolición de una estrella

Alumbrabas la ruta blanca y dabas

a luz los pasos que por ti subían

las marcadas escalinatas, madre

de las sombras y los reflejos, pero

también de quienes, con su propio fuego,

encendían las linternas, deidad

cuyo culto florecía con múltiples

alumbramientos, refractados dones,

cada cosecha, con cada propósito

elevado desde el coro creyente

hasta tu púlpito o trono, eminencia,

fuente, fecundadora, fértil, gracia

de la inspiración y sostén del brazo

convencido, de la frente encendida

por la idea propia y la fe común.

¿Cómo era cuando estabas presente?

¿O las noches de esa era irreal?

¿Qué veían tus fieles en lo alto

para sentir un ansia tan profunda?

Te seguían los precursores, muchos,

en el caudal desbocado y domado

por la mano fina y firme del héroe

moldeado por tu luz, amoldado

a tu acento, definido por él,

protagonista de la saga añeja

de ti venida y a ti dedicada,

inalcanzable, impar, modelo o fragua

de modelos, de imanes para el hierro

activo de la voluntad, matriz

de consecuencias, ejemplaridad

requerida de ejemplos, de los actos

depositados en tu claro para

dar al tropel su punta y en la tierra

fijar la constelación que presides. 

¿Cuándo se alzaron hasta tu estatura

y se fundieron en tu incandescencia?

¿Cuándo agotó sus cenizas el fénix?

¿Cuándo su vuelo llegó al rojo blanco?

Más visibles que los alumbradores,

desfilaban, detrás, pero más cerca,

centelleantes, los deslumbradores,

imitando tu gesto, tu estridencia,

cuando ya palidecías, cumplida,

sobre el camino cubierto de polvo,

calcada superficie de la luna,

donde tus cortesanos, majestad,

tus fieles traidores, guía inflexible,

arrojando sombra unos sobre otros,

torcían tu luz hacia los rincones

cuyo ángulo más favorecía

su tallado perfil, a semejanza

e imagen tuya, alteza, imaginaria,

porque tuyo era el ojo, no el destello.

¿Cuánto sobrevive la luna al sol?

¿Cuánto demora la cola del río

en perderse de camino al océano?

¿Cuánto tarda la luz en no llegar?

Si ahora existes es porque los ojos,

en lugar de la negrura legada,

contemplan el brillo carbonizado

de tu pupila eclipsada, leyenda

del oro ya dilapidado, aún

escrita en la estela del esplendor

irrecuperable, eco mutilado

de la campana fundida en el hierro

del fondo de la noche, regresada

donde la velan las postreras brasas

de su propio rastro, reunidas donde

la mirada redime las cenizas

repartidas en torno, abandonadas

a los repliegues del telón opaco

sobre el que todavía te proyectan.  

¿Dónde hizo blanco tu rayo certero?

¿Dónde reside ese haz concentrado?

¿Dónde enterraste el tesoro intocable?

¿Dónde flota la antorcha sumergida?

Eras esa luz y su voz ardiente

porque en ti era visible lo lejano

que habría de venir, punta del iceberg

consumido, vieja cumbre admirada

desde el suelo ahora resbaladizo

que cede con cada impulso a lo alto,

ejemplo a seguir por los ejemplares,

fulgor a imitar por los influenciables,

memoria a guardar por los reverentes,

hoy árido sueño retrospectivo

que empalidece con su narración,

como la retórica de estos versos,

reconocible, vaciada, tampoco

logra remontar, estrella sin puntas,

la distancia arrastrada en tu caída.

3–9.9.2021

Poemas del miedo II

Pasajeros de Alberto Breccia

7

Despierta y del sol ve primero las huellas negras

que estiran los dedos hacia la sombra

que conserva, pero de la ajena luz que nombra

cada cosa al mostrarla no se alegra,

porque en ese yin yang no ve un camino,

un zigzag a través del monte, sino 

el uno dos que tumba sin remedio. Tendido,

querría detener el galope de la cebra

cerrando la persiana, pero, negra,

la pantera atacaría al herido.

28.5.2021

8

No hay salida, se dice, no hay salida,

repitiendo por haber perdido la palabra,

y busca inútilmente quién le abra

entre todos los que todavía están de ida

y tropiezan con él si retrocede.

Mientras el canto de la superstición no cede

en su interior, el exterior no surge

y él se pierde en derredor. El corredor se estrecha

y alarga la carrera de la flecha,

mientras él no se siente y espere el verbo que urge.

29.5.2021

9

Sólo bajo la luz de un cielo de guillotina

aparece el ángel del desamparo

a bendecir al tembloroso. Parece caro

rechazar el ala de la gallina,

que picotea más fuerte cuanto más abajo,

pero siempre, justo antes del tajo,

puede soplar el viento que levanta la vela.

La protección se paga con engaños,

aceptando la vara del guardián de rebaños,

pero no el oro que se revela.

31.5.2021

En el campo con Alberto Breccia

10

Dividido, ya en contra, ya a favor,

huye del frente y de la retaguardia.

No tiene compañía ni dónde montar guardia,

ni enemigo que sea prueba de su valor.

Inerme, retirado de sí mismo,

suspendido de una punta a otra del abismo,

no sirve de puente ni de portón.

Abortado su ataque, no concibe defensa.

Conservar en secreto lo que piensa,

como una costumbre, es su posible salvación. 

1.6.2021

11

En el espacio de un alarido crece el campo,

donde cede el terreno cuando pisa,

mientras viene buscándolo, vago, con la brisa,

de la nada que tiene en contracampo,

el aroma de un fuego ya apagado, tan lejos

como de este sol esos días viejos.

Ni afinar el oído ni aguzar la mirada

le dicen si entonces ardieron casas o reses,

pero debajo de un humo cualquiera oye a veces

el eco de la brusca llamarada.

 1.6.2021

Poemas del miedo I

Pasadizos de Alberto Breccia

1

El razonable temor de un conductor nocturno

permanece con él cuando desmonta.

No llega todavía. Da unos pasos, remonta

la corriente contraria, pierde un turno

y para siempre rezagado avanza,

lejano de la luz que lo rehúye y alcanza.

Da un paso más, pero aún no hace pie

ni consigue ver mejor la cara de la sombra

que esconde su puñal. Si no la nombra,

tal vez pueda mañana argumentar que se fue.

15.5.2021

2

Voló su voz en el aeropuerto

y el vacío, en abruptas escalas descendentes,

dio pista a tal coro de enterrados renacientes

que revive lo muchos años muerto.

No duerme, embriagado por el eco interminable

que tendrá que escuchar mientras no hable,

pero tampoco despierta: busca todavía

lo que los otros tienen y él perdió

en ese mar que lo aturde. No

se atreve aún a decir lo que oía.

27.5.2021

3

Se ve asomándose por detrás del que presenta

y retrocede, pero no hay adónde

y lo advierte; al descubrir al que esconde,

tampoco reconoce lo que éste representa,

pero sabe que el suelo que le falta

es aquel del que el acróbata anunciado salta

y al que no debe caerse. No hay dos

sin tres, evidentemente ahora. Que no dure

la aparición que confirma el refrán, que se apure

a cerrarse este espejo tan veloz.

27.5.2021

El pánico según Breccia

4

Del contacto, pasar al retroceso.

Volver a la tarima y sentir bajo los pies

el espacio que enmascara y vuelve del revés

lo que dicho de frente fue un exceso.

La insostenible mirada que espera

reconvierte en miseria la abundancia que diera

la impresión de creer, pero tampoco soporta

que una luz la interrogue. La silueta

que tiembla despojada de su meta

contra un fondo de tanto relieve se recorta.

27.5.2021

5

Perderse en el bosque de los ásperos mortales,

con sus hojas impresas en el aire

y sus cantos expuestos al desaire

de los dioses más suaves, andar entre cristales

que deforman y enredarse en sus muertas raíces,

todo eso que deja cicatrices

también pierde su filo, pero advierte,

antes de dejarse convertir en experiencia,

del mañana al acecho la constante presencia

y del suelo gentil el lado inerte.

28.5.2021

6

Como un árbol, peor, como una hoja,

tiembla mientras duerme en el aire que lo sostiene

y teme la tierra, de la que cree que viene,

al caer, el dolor. La rama arroja

su carga justificada a la rueda creciente,

pero él desconfía y se arrepiente

cada vez que lanza, por encima de su sueño,

a las vueltas mortales de la suerte,

la moneda que le quema y convierte   

la ruina de su ambición en riqueza sin dueño.

28.5.2021

Espejo negro

Robert Rauschenberg, Untitled (1951)

I El café de mi razón

El momento detenido

como una palabra ahí en la punta de la lengua

donde, clavado encima de una mesa

rodeada de indistintos,

desde el pozo en un puño que aprieta la mirada                    

se enciende, igual de humeante, el acento

sobre el lomo del rumiante

inclinado a la espuma universal allá abajo,

me dio a luz, silueta o fantasma en ciernes

ganando peso y ahí

ligero pero no casual, tensadas las cuerdas

de los nervios para el índice súbito.

El momento repetido

de negrura y lucidez repentina, en discordia,

ocupando mesa en la multitud

mientras nace la materia

azucarada y luminosa del universo

y se expande a la vez que se disuelve

bajo el giro de muñeca

del concentrado observador que de sí se olvida

en la paralela transformación

de su persona en la especie,

puso en órbita, como una antigua catapulta,

la cabeza a la que salvé la cara.

El momento decisivo

de atención indivisa que divide, afilada

y en cuña hacia la materia, la mesa

del salón, con el acento

a pico sobre el cosmos en expansión, centrado

en una cucharita que revuelve

espacio y tiempo en el mismo

sentido y reloj, despertador, me hizo nacer

y abrió el ojo, mandando y bautizándome

con un solo movimiento

que de la mesa hizo un tablero y de esa mirada

mía un instrumento de medición.

El momento sin retorno

que vuelve a poner delante el punto de partida

cada día cuya sombra revela.

Deux ou trois choses que je sais d’elle (Jean-Luc Godard, 1966)

II La razón de mi café

Detrás de este sabor reconocido,

del hábito y su constancia,

que en cada sorbo atento devuelve un bien perdido,

se abre interminable la distancia

entre la negra sustancia

del universo expreso y el ojo distraído.

Las dos o tres cosas que sé del cielo

caben dentro de una taza

donde se quita a la Vía Láctea su velo

y se la hace representar la masa

de las cosas a la caza

de conciencia que las haga objeto de un anhelo.

Un viaje es una cuestión de moral

donde, al inicio inocente,

corresponde la separación del bien y el mal,

según se llegue a culpable o consciente

a través de la pendiente

que convierte el camino proyectado en real.

Adónde ir y dónde detenerse

sigue siendo la cuestión

que plantea cada día, oscura y sin moverse,

la cosa que tu negro corazón

refleja, en su imitación

de los astros que en tu derrotero quieren verse.

Tiempo abolido por los ecos ricos

de este discreto deleite.

A mi espalda un niño pide un libro para chicos.

En mi nuca un hombre anuncia el aceite

de su coche. Quien se afeite

que defienda tal fe de la soberbia y sus picos.

Yo alzo el negro universo estallado

de nuevo a mi lengua viva

y lo vierto en otra oscuridad, desembarcado

en la orilla despejada y esquiva

donde lleva la deriva

desde el punto inicial del sabor reconcentrado.

25–30.10.2022

El becerro de papel

Hacer dulce un rechazo fue una vez mi virtud.

Éste, seco, se sirve en el mismo mostrador,

pero del otro lado y acredita mis faltas. 

El becerro de oro (Damien Hirst, 2009)

Preferiría que me aplauda un mono

a trepar por el laurel

cultivado por semejantes manos.

Preferiría perderme en la selva

a caer en el jardín

donde se encuentran tales iniciados.

Si se imprimieran sus conversaciones

en lugar de los monólogos

detrás de los que saben esconderse,

habría escrito un libro de plegarias

para que el coro recite

y purgue en el altar de la impureza.

Preferiría beber de esa acequia

que de la fuente en el cruce

de diagonales de un tablero suyo.

Preferiría comer sobre el polvo

a sentarme en esa mesa

de miradas siempre en el plato ajeno.

Los pasos dados en ese terreno

se vuelven contra los pies

que se hayan dejado ver descalzos.

Los golpes dados en tal cuadrilátero

se devuelven eludidos

por sombras que bailan hurtando el cuerpo.

Preferiría rodar por la lona

a subir las escaleras

de esa academia de danzas cerradas.

Preferiría perder cualquier silla

a ganar en ese juego

y hablar la lengua de su reglamento.

Por eso declino la tentación

y contemplo la virtud

contraria de una música sin eco,

más acá del oído interesado

al acecho de rumores,

donde el becerro no tiene papel.

27.6.2021

Roces y embestidas

I Encuentros con gente falsa

Impresión definitiva del trato

–lavadas las copas, las huellas quedan-

con gente del comercio de la lengua:

Gente celosa que dice querer

Gente sentada que finge leer

Quien quiere ganar no puede entender

Lo que pasa más allá de la meta

Después de tantas vueltas naturales

Hay más parásitos hoy que animales

Ay, qué desdichadas diligencias comerciales

Y bosques derribados por su causa

27.6.2019

II ¿Dónde va la gente y en nombre de qué se junta?

Reacción cutánea al estrechar una mano

de las que firma, sella y reparte el bacalao:

Toda una red de alianzas lleva al punto

preciso donde el río desemboca

y el oro se acumula. De la boca

dejada atrás sedienta, sin asunto

que tratar con el rey de pie en el muelle,

no llegan alabanzas ni se oyen

tampoco pensamientos. Desenrollen

aquí su alfombra roja (que se estrelle

su dorada corriente contra el brillo

fugaz y omnipresente del anillo

real de tan esquivo) los deudores

del culto obedecido, que entroniza

sin duda a su heredero. La ceniza

es la sombra del fuego, sus errores.

29.11.2018

III Contestación

Respuesta a aquel tertuliano elocuente

que condenaba la quema anarquista

de iglesias como un acto de barbarie,

mientras la única mujer del grupo

fiel evocaba a su abuelo anarquista.

Al buen conversador conservador:

Siempre es bueno ver arder una iglesia,

aun si sus frescos son sacrificados

a tal fuego. A la tragedia le basta

un puñado de piezas para dar

entera su herencia y al cristianismo

unas cuantas pinturas deberían

alcanzarle para pagar la apuesta.

La cultura general de estos días

es emética: que el tiempo digiera

y asimile cuanto, contemporáneo,

no se le parezca. Y el resto, entero,

que ni restos deje. No preservemos,

no defendamos vestigios nacidos

ya como vestigios. Mucho más valen,

que tantas sobras curadas ya muertas

y mansos caballos de comisarios,

la antorcha del anarquista y el viento

que continúa su obra por el cielo.

10.4.2018

IV Nostalgia de Times Square

Al aire y las vistas, donde concilian

el sueño los paisajistas urbanos:

En la clara montaña del domingo

lo único que pasa son ciclistas.

El aire es diáfano como una sábana

en la que nunca haya dormido nadie.

2016

V Las ovejas carnívoras

Cuando veas al lobo preceder al rebaño,

no creas que tus ojos te muestran el engaño.

Los que quieren rebaños para hacerse pastores

se hacen los pastores y congregan rebaños.

Un pastor es un lobo que vio tiempos mejores,

pero debe contemplar estos próximos años.

La época feroz paraliza a las ovejas

y a los perros desorienta, sin amo ni olfato.

El lobo disfrazado de perro, si lo dejas,

un rebaño blanquísimo reúne en un rato.

Y le enseña a afilar, mostrar e hincar esos dientes

que la hierba buena y mala arrancan de raíz.

La piel de cordero no disimula las frentes

obtusas constituidas en frente del país.

Pero su marcha armoniosa, como un mar de nieve,

la visión del páramo que dejan hace leve.

2016/2021

VI Pieza de museo

Donde sobra la interpretación falta la obra.

Donde la idea abstracta basta la pieza sobra.

Curador, ¿por qué mejor no te enfermas

y faltas al trabajo, donde sobra

tu intervención entre el ojo y la obra

que tu marco ya mutila? Que duermas

bien, comisario, inocente en tu celda

sin agua ni pan. Deja que circule

sola a fondo la forma, que la adule

el torpe que el arte a la mano suelda,

para siempre en Altamira. Mañana

se va, tú no vengas esta semana.

21.6.2021

De andén en andén

Umberto Boccioni, Stati d’animo 1: Gli addii (1911)

1/Río arriba

En el lugar de las separaciones

me empantané. Resbalé en el umbral

de las orillas firmes. Donde el río

da vueltas caí, improvisado isleño

temeroso de las inundaciones.

Pero donde enraicé sigo creciendo,

detenido como un lento crepúsculo

que viste aún la cáscara del alba.

Sigue el muelle creciendo mar adentro,

donde hay entre los barcos la misma

distancia que entre las islas y abajo,

donde nada valen ojos ni oídos,

duerme el viento que las costas recelan,

pero la tierra donde estoy plantado

no cede un grano del polvo que aprieta.

Crece el lugar de las separaciones

con el tiempo que lleva hacia lo alto

y las costas por las que derrapé

se desvanecen, pero lejos veo

al oeste el humo de los cargueros,

al este los pulmones de los juncos,

y del arco que tensan los extremos,

clavado así al corazón desnortado,

tomo latiendo la flecha imantada.

Estación de Terrassa, 7.10.2019

2/Interior

Todo este mundo diurno, de radio y ajetreo,

desolado sol agrisado por los cristales

y mostradores atareados pero inertes,

naufraga muy despacio mientras yo me adelanto

como un arpón al fondo de las cosas, opacas

por fuera pero cegadoras en su interior

de horno que no cede una llama de su incendio,

hundido en el azul donde el polvo no reposa.

Estación del Norte, 8.10.2019

Umberto Boccioni, Stati d’animo 2: Quelli que vanno (1911)

3/Metro

Sola regla de la forma

sin huella, sólo la horma

no del pie, sino del paso

alto aun en campo raso

que da al suelo su medida

y al andar su perspectiva.

Estación del Norte, 8.10.2019

4/Los gregarios

Ahí están, todos juntos,

aplaudiendo lo contrario:

al vencedor separado

de esta sombra, su adversario.

Tren a Terrassa, 9.10.2019

5/Carretera abajo

Estas pesadas máquinas terrestres,

que no compensan con su andar de rayo

de ciudad en ciudad sus polvaredas,

conocerán su ocaso si es que antes

el suyo no le enseñan a los diestros

que encendieron el fuego y lo protegen.

Carrera de relevos a la ausencia,

en su caudal lanzado sobre el lecho,

la potencia sin freno que comparten

los que pasan turnándose demora

su acto propio detrás de cada curva,

relámpago que vive en lo que mata.

Tren a Terrassa, 9–10.10.2019

Umberto Boccioni, Stati d’animo 3: Quelli que restano (1911)

6/Los más vendidos

Compradores que colman libremente

las cámaras de gas. Recaudaciones

hinchadas como cadáveres. Número

que se eleva sobre la letra, muerta

bajo los fijos ojos distraídos.

Estación de Terrassa, 10.10.2019

7/Enganchado

La dosis de muerte de cada día

no la recibo de los traficantes.

La administran los administradores

y todo sigue en orden como antes.

Estación de Terrassa, 10.10.2019

8/Costura

Distancia sin interés

entre dos puntos borrados.

Ni el orgullo del origen,

ni el deseo de un destino.

Donde el ombligo se vuelve

profundo y la tierra gime.

Donde la boca se cierra

por falta de comisuras.

Gala Placidia, 12.10.2019

Bajorrelieve

Introducción a Los desiertos obreros

Como una estela funeraria, gravitando sobre el hueco de un muerto: el que deja, el que ocupa, el que abre, dimensión sobre la que aparece, desplegada, en relieve, desprendiéndose de un fondo neutro, vacío, la escritura: cuerpos y voces entrelazados en una sola superficie, brazos y piernas armados, adornados, confundidos en restos de escenas irreconocibles o apenas; inscripciones graves o ligeras que la piedra iguala en su dureza herida. Hechos de otros, voces de otros: este libro nació así, como una invitación a responder. Primero fue la conjunción de cuatro frases, venidas juntas como de la cinta anónima que sugiere un muro acribillado de leyendas: la retórica euforia de un relator deportivo, la estentórea metáfora de un líder político, la melosa caridad de melodiosas estrellas, la loca promesa de un favorito de las masas, cada una de éstas sin necesidad de firma pero casi enseguida acompañadas, al son de una marcha que alguna vez conoció el entusiasmo, por una profusión de citas tan sabias o necias como las aludidas, los nombres de cuyos autores, sin embargo, difícilmente dirían algo a terceros: frases enteras recortadas de la incansable circulación del lenguaje, grabadas como de costumbre en la imaginaria puerta de un retrete o en el imaginario paredón de un baldío o edificio abandonado, corregidas o subrayadas según el hábito popular o la tradicional práctica modernista aplicada aquí de nuevo. Pura materia verbal trastocada por su propio reclamo de otros escenarios, distintas ocasiones, diferente música o variaciones del gregario himno sin letra que su implícita perspicacia, variable, procura interpretar, en su aspiración a poner un punto allí donde su propia voz debe su entrada a la anarquía gramatical. Poco espacio para la intimidad, furtiva, en estas páginas: el aria de un solitario y el inconstante rastro de unos cuantos testimonios fatalmente sueltos, en medio de un montaje de ambiguas atracciones entre imágenes de espacios singularmente aptos para grandes concentraciones megalómanas y ruidosos dramas colectivos: el estadio, el supermercado, el sitio histórico y otros tantos lugares de encuentro donde rara vez se tiene la oportunidad de hablar largo y tendido en voz baja. Sin embargo, fue de la mayor cercanía de donde vino la visión que dio unidad al conjunto desde el momento en que fue proyectado: el vasto y disperso territorio dejado al viento con cada convocatoria masivamente acatada a coincidir bajo una sola consigna.

En oposición, esta respuesta a un llamado inesperado: coro de individuos no identificados pero identificables; compaginación de voces disonantes en dúo, trío, cuarteto, quinteto, multitud o solos paralelos; voces corregidas y acatadas, divididas, solapadas, superpuestas; improvisado canon de voces encontradas, en tránsito, grabadas, contradichas; movimiento continuo de siluetas de paso, al paso, a contrapié; descuidado desfile de caras y cuerpos enlazados, confundidos, discordantes, irreductibles; competencia de brazos y frentes; concurso de pies y hombros; caminata, carrera, cruce, baile, parada. Conversación en suspenso: un hilo de voz trenzado con otro trenzado con más hebras de las que componen una cabellera, dividida por el peine de las lecturas y revuelta por el cepillo de los comentarios. Ningún discurso coherente bastaría para dar cuenta de lo que pasa por esa cabeza, pero una composición desigual podría dar la impresión, a veces, de reflejarlo. Correspondencia en ondas, grabadas sobre el terreno que se espera así poder hacer aparecer: arenas musculosas, dinámicas, acoplándose, erráticas, impetuosas, monumentales en su vastedad; obra en marcha, en construcción, en fragmentos, demorada, detenida, reanudada, inconclusa, diseminada, dispersa; materia gastada hasta dentro del átomo, espíritu devuelto al balbuceo. Historia dormida en la época que ilustra, sueños al acecho del párpado que tiembla entre la luz de la piedra soleada y la sombra que dibuja sobre ella extrayendo volumen y calor de los surcos. Lenta acumulación reanimada con cada aliento mortal que reconoce en ella su límite y su huella.    

9–11.1.2017

Admiración suspendida

Después del ensayo

Mucho tiempo he pasado en la butaca

del mirón a la espera de sentido.

Muchas veces he esperado un principio

con fe en sus demoradas consecuencias.

A solas en la luz agonizante

de la sala de las revelaciones,

definido en prefigurado sitio

mientras otros, dispersos, se concentran,

muchas veces he medido el espacio

vacío entre fantasmas y miradas.

Mucho tiempo he planchado los telones

y lustrado quemadas candilejas.

Si sumara estos lapsos a la luz

del crepúsculo de laboratorio

consagrado al aquietarse del líquido

amniótico de las próximas horas,

estos libres minutos dedicados

a evaluar lo que pronto estará oscuro

u ocupar el revés del parpadeo

sostenido en la inconsciencia del ojo

con la misma lectura intermitente

practicada entre las mesas de saldos,

el tiempo transcurrido alcanzaría

para haber completado una carrera.

Abierto por reformas

Muchas cosas aprendí en ese margen

entre la nada y la contemplación.

Mucho comprendí en ese tiempo muerto

entre el suspenso y la acción, entre el acto

y la antesala de los convocados,

considerándolo en retrospectiva.

Muchas súbitas iluminaciones

y firmes conclusiones razonadas

me acaecieron en ese breve

paréntesis entre la consumada

huida de la circunstancia inmediata

y el hundirse en la representación.

A flote en la butaca vacilante,

con la cabeza asomando despierta

para sondear el mar de un vistazo,

muchas veces de pronto he comprendido

lo que pronto dejaría de ver

o anticipado la fachada en ciernes.

Discreto, ignorado, simple pupitre

de la escuela de estar desocupado.

Allí donde se aprende con la nuca

y el culo decide el punto de vista.

Donde emerge la evidencia impasible

quebrando el hielo de las convicciones.

Detrás y delante de ese intervalo,

muchos campos cultivé. Muchas tablas

cepillé y acumulé muchos clavos.

Muchos restos guardé y atesoré,

recogidos en ruinas y naufragios.

Muchas páginas leí, cuadros vi,

toqué tallado en piedra y en madera,

consideré a la luz de la ventana

y de la linterna. Muchas razones

deduje de pasos y melodías,

tamizándolo todo con la red

que del río extrae lo que no pasa.

Esperar la ausencia

Mucha pesca metí en mi bolsa, pero

la concisa lección definitiva

que me enseñó mi puesto de trabajo,

la recibí en este mismo paréntesis,

ante el telón o la pantalla en blanco,

entre lo turbio y su reflejo claro.

No la ola alumbrada por el faro,

ni el puente de mando ni el mascarón

de proa, sino el bote lateral,

apto para excursiones y abandonos,

al servicio de ociosos y curiosos.

Y a veces el timón, que está en la popa.

Así fue cómo dejé de buscarme

en los grandes retratos del museo.

Toca a unos hombres hacerse famosos

y a otros conocer la oscuridad.

Hay quien cumple su sueño y quien despierta.

De este lado del muro de cristal,

contemplo las estrellas en la noche

que me envuelve y oscurecido ruego

por una cultura sin nombres propios,

por una literatura sin libros,

dejando en lo alto cuanto elevé,

mientras sigo las ondas río abajo.

12.8–2.9.2022