Los desiertos obreros 5

Legionarios romanos (bajorrelieve)

Para Carla a la intemperie

Marcha a coro

No para holgar ni regocijarnos sobre terrenos de cultivo estériles,

ni para usar como lecho la materia reservada a la edificación

o para entrar en el juego de las fieras por nuestra mano acorraladas,

y menos para entregarnos a la admiración sentada de lo que arde solo,

hemos puesto el pie en el camino y el camino a través del llano,

sino para inscribir, con piedras bien afiladas y regularmente hundidas

en el dócil paisaje indeciso que vamos dejando, orgullosos, de lado,

el recorrido definitivo, aunque el viento cubra de polvo nuestras huellas,

por el que este mapa existe y nuestros seguidores habrán de copiarlo.

Legionarios de baja, nosotros que reunidos herimos y sangramos

sin piedad ni terror ante los ojos de jueces bajo la misma amenaza

en Farsalia, Salamina, Maratón, Marengo, Lepanto, Waterloo,

hemos dejado nuestras fortalezas desguarnecidas hace largos años

y ni siquiera hemos recogido las tiendas de olvidados campamentos

entre los que aún florecen los campos nutridos por los rezagados,

para errar desembarcados lejos de las costas, como dentro del círculo

inagotable y azul del deshabitado centro del mundo, sobrevolado

por mensajeros y presagios, en flagrante y ostensible contradicción

con el principio a partir del cual tendimos puentes y talamos bosques,

abriendo el claro donde mostrar, de una conciencia por fin resuelta,

el designio y su cumplimiento, el signo y su proliferación acorde. 

“Verás el mundo”, decían, “harás amigos”, decían, “tendrás oro”, decían,

“y mujeres”, agregaban, resumiendo en la última posesión toda riqueza,

pero nada podían decir, educadísimos propagandistas del imperio,

del país aún cerrado, ni del hermano ignoto, ni del súbito fuego en el río,

ni mucho menos de la esclava oculta entronizada hasta la deserción

por cada uno que supo defender, de un programa orientado a su retiro,

el destino leído por las cantineras en las líneas de su propia mano,

o cifrado en los dados por ésta arrojados al polvo casual, sobre la mesa

despejada de inmediato tras cada partida, al margen de en qué dirección. 

Enrolados para huir del arado, para no ver pasar los dorados estandartes

inclinados junto a los bueyes recibidos en herencia, fatales como la lluvia,

marchamos sobre las ciudades dispersos, por vías separadas, paralelas

a pesar nuestro por lo común de nuestras historias, intercambiables

entre las sombras de los funcionarios, desembocamos bajo las chimeneas

más altas, las que se veían desde lejos, donde nada era asado excepto

las espaldas de los forjadores, acopiamos musculatura heterogénea

detrás de la rueda, bajo la grúa, sobre la palanca, dimos al brazo un oficio

y a la mano el valor de su multiplicación por los dedos, fina conciencia

depositada partícula a partícula, recogimos la bandera de Espartaco

desplegándola de fábrica a fábrica y con los mismos sentidos despiertos, 

las consecuencias de las declaraciones formuladas en aquellos días.

Los veteranos reconocemos a nuestros semejantes aunque se escondan

y saludamos con discreción el aire de su retirada, testigos confiables

por haber sido acusados, con razón, de los actos que ahora toca callar,

deudos de guardia ante el abismo desde el que crece, recomenzando,

el círculo desplegado a partir de su azul recóndito sobre la llana extensión

desatada en el oleaje amarillo que crece y crepita elevado al cuadrado.

Diciembre 2016

Los desiertos obreros 4

El «Esqueleto» de Ciempozuelos (Madrid), demolido el 19 de octubre de 2023

Para Carla a la intemperie

Deconstrucciones

De una obra abandonada al sur del mundo

es posible extraer sobre todo sospechas. 

Aunque puede que valgan más los materiales,

en vías de extinción en todo el mundo

y de desaparición, por eso, en las viviendas deshechas.

El esqueleto de un sueño vendido se alza contra el telón

de fondo de la última escena, donde al incendio

final de cada tarde sobrevive, todo hueso

ya negro entre pliegue y pliegue de la carne a medio hacer,

montada escenografía para la estéril jornada a la espera,

la perfecta encarnación de lo abstracto abortado,

con sus muñones expuestos como una confesión

interrumpida, en suspenso entre la duda

y el arrepentimiento, dos maneras igual de lamentables

de errar sin por lo menos haberse guardado la orden de destino. 

El espectro de la cuadrilla alineada sobre la viga

en las alturas convertida en comedor

pende sobre nosotros, que sin siquiera un trabajo que perder

pasamos bajo las cortadas escaleras canturreando

cada uno un pedacito de melodía

a falta de otro alimento más sólido. Cerca de la estación

del suburbio del que nos separa todavía una larga caminata,

se yergue otro semiedificio y más allá otro más, igual de torcido

en su desvío de la voluntad de beneficio

que el que le sigue y aquel que lo anunció, dispersas estacas

de tiendas vagas y desgarradas como nubes

atravesadas en el cielo de poniente, nunca amarradas

a tierra alguna. Pesan los zapatos, liquidados por el rastro

de sus auscultaciones, pero así caen los pasos

uno tras otro, arrastrados por los talones precedentes,

hacia el abismo desplegado en horizontal, que borra el suelo. 

Crisis del ladrillo, de la fe en las alturas, de la idea

tomada como piedra o fundamento, del árbol

concebido para dar cuerpo al entendimiento en sazón.

Últimos puestos antes de las afueras desaforadas, mangrullos

de guardia ausente, de tablas y andamios bailando

donde nosotros pisábamos firme, muñidos de herramientas

y nociones tangibles. Embarcados. Ya desde aquí lejos

reconocemos el llamado de la sirena y, en el eco perdido,

la medida del hueco abierto por la mano sin huellas.

Nada saludamos en esos vanos interlocutores

que aquí y allá, desparramados ante el horizonte

a pesar de su verticalidad, atravesados

por el hielo limpio del paisaje que se les escapa,

abren las bocas desdentadas de sus ventanas sin terminar,

de sus puertas obstruidas sin revoque. Cuando pasamos

por delante o por enfrente de sus fachadas ciegas, 

siguen siendo desconocidos, imbautizados, engendros.

Diciembre 2016

Los desiertos obreros 3

Untitled (Franz Kline, 1957)

Para Carla a la intemperie

Navegación a sangre

El peso vertical de la palabra viril. El juicio de la plomada.

Como los indios, que desconocen el vértigo

y reinan en su esclavitud sobre terrazas y letreros luminosos.

El desierto entra a la ciudad, pero al revés: por abandono,

introduciendo sus cultivos en los mudos engranajes

del tractor detenido. Un vagón, otro vagón.

Reguero de flores silvestres entre herramientas herrumbradas.

La brújula marca las afueras. Navegación a sangre.

El barco es la tripulación como la ciudad, la abandonada capital,

era el pueblo. Sólo nosotros conocemos nuestra huella,

la vemos, la reconocemos. Charco agrisándose.

La voz de Javier Martínez sobrevuela estos terraplenes

eternamente húmedos, con sus yuyos como bruscos penachos

dispuestos siempre a sustituir al compañero. Coro mudo

en la paciente deriva que nada espera. No hay

redención, hay progreso, producción automatizada

de autopartes y prótesis. Y en la cima de la oscura pirámide,

el sacrificio ya hecho. La sangre corre por la otra cara.

Por la mejilla del prójimo. Paso de paisanos

por el medio de la avenida, muerta de noche y ahora

desbordada por el sol en diagonal. País de sombras largas

cada vez más altas y delgadas. La brújula señala

un horizonte en declive, interrumpido por construcciones

cada vez más separadas y precarias, suplicantes casi

en su tímido alzarse bajo un cielo mayor, paredes desguarnecidas

que no hacen muralla, detrás de cuyos esbozos

aparece, desbocado, el llano que precede al precipicio.

Desnudo mástil de nuestra embarcación, sostenida por las aguas

intangibles del océano inconsciente y sus afluentes imaginarios,

¿es igual a la altura a la que apuntas desde nuestros hombros

aquélla que desde lejos nos apunta con sus matices

de azul en la luz fundados, en el viento, en la temperatura

o en la distancia de cada plano respecto al punto de observación?

Los cumplidores pies en la tierra se hunden en el barro

descubierto por la raíz arcaica que levanta el castigado pavimento

y avanzamos un poco más en la casual recuperación

de los peligros conjurados, la miseria familiar cuya sombra

peor era entonces que la luz desamparada del campo indefinido.

Pájaros apagados que en nuestro cráneo relumbran. Ramas

finas, otras voces arraigadas: Miguel Abuelo, Spinetta,

los gritos que desde abajo anunciaban la salida del Clarín

como el gallo de las afueras la del sol. Otro tiempo.

Fantasmales, los colectivos ejecutan su ruta invariable

a nuestro turbio alrededor. Nos adentramos en la distancia.

Nos alejamos del oficio y la manía o costumbre

de construir, de curtirse las manos contra la piedra

y la cal: derrámenla en los cementerios. Remando en seco,

sutiles, despacio entramos de pronto al aire sutil.

Diciembre 2016

Los desiertos obreros 2

El desierto rojo (Michelangelo Antonioni, 1964)

Para Carla a la intemperie

Noroeste

Ayer nomás había industrias todavía,

fábricas, usinas y el humo de colores

copando el cielo sobre el desierto poblado.

O el campo atravesado por el arroyo de las palometas,

allá donde todavía ninguna virgen se mostraba.

Donde aún no había vírgenes.

La pesada tristeza horizontal de las afueras

interminables, aglomerada y laminada capa de plomo,

ensanchada y depositada en oleadas sucesivas

por espontáneas generaciones de forasteros fracasados

en su viaje al centro desde el fondo de la tierra.

Materia cada año más espesa. Pequeñas fábricas,

pequeños talleres, pequeñas y medianas empresas

con sus camiones, chatas, grúas, furgonetas

y los coches de sus directivos abriéndose paso

entre moteles y colectivos, arroyos secos y turbios.

Espíritu de la Juan B. Justo, de la Gral. Paz.

Para qué Gaona habiendo Warnes.

Atravesar ese pantano de ida o de vuelta

consume el día, pero si no va a haber retorno,

¡qué libertad más allá de las chimeneas, de los bloques

de viviendas raleando pasado el nudo de autopistas,

por encima de los techos de los cerrados chalets de piedra,

entre baldíos y piscinas, perros sueltos y atados,

convergiendo hacia el punto de fuga de las nubes!

Caminando toma tiempo; pero así el espejismo

puede aguantar todo el día que tenemos por delante,

mientras los bólidos de la avenida, en paralelo, 

nos dejan atrás corriendo como si acabaran de atropellarnos.

Distancia irrecuperable porque es temporal,

período definitivamente entre paréntesis.

La vergüenza de matemáticos e historiadores.

Examen suspendido. Si apareciera ante nosotros

cualquiera de esos murales de detrás de los Urales,

tan futuristas en otro tiempo, con vestigios en Berlín,

¿preferiríamos derribarlo o intentaríamos

reconocernos en esas coloridas sombras suyas?

Doloridas sombras. Levantar esas pantallas

fue nuestro oficio y nuestro papel, ya quemado,

encabezar la marcha hacia la toma del jardín que guardaban.

Marchamos ahora hacia el oeste, hacia el futuro, mirando

el crepúsculo que no retrocede, señalado

por la barrera al pie del vacío andén. Otro fiasco.

Tren perdido. Condenados a la retaguardia,

dejamos a nuestras espaldas las ruinas de una vocación

más alta aún que las percudidas torres acechadas.

Diciembre 2016

Los desiertos obreros 1

Eisen Steig (Vía muerta, Anselm Kiefer, 1986)

Para Carla a la intemperie

Los errantes

Vía muerta. Pasto largo, amarillo. Pesados durmientes

resquebrajados, ennegrecidos. Flores que mueren pisadas.

Matorrales secos, inclinados. Nuestra sombra alargándose

a nuestra espalda, adivinada. El rítmico rumor de las piedras

frotándose bajo nuestros pasos. Arriba, delante, a contraluz,

refulgente, oscuro, cegándonos a su herrumbre, atravesado

sobre el cielo, por activos muertos de permiso, fugitivos 

entre el norte y el sur de la ciudad, nota elevada de la antigua

industria del acero, con su tejido filtrando la luz y las miradas,

el codiciado puente de renombre local. Barrial. Vecinal.

Rodeado de leyendas fugaces, destino augurado al joven vago,

en consonancia con el ejemplo del niño que en la barrera

todavía lejana ofrecía ayer sus limones, por cada moneda varios,

a los coches impacientes en perpendicularidad con estos rieles.

Rumbo de tierra dejada. Raquíticos arbolitos a ambos lados.

Copas bajas ofreciendo sus duros frutos desdeñados, caídos

más tarde, a su tiempo, alrededor de troncos mal alimentados,

para ser picoteados hasta el destrozo por pajaritos distraídos:

entonces convertidos en basura, jamás barrida, en cambio pateada

con el mismo aburrimiento por la hosca inercia de nuestros pies.

La frente alta, huesuda, sudor sin pan a cambio, navegantes

por estos rieles, relumbrón marino en lo opaco polvoriento

y guía por juego de nuestro ocio forzoso en resonancia

con el silencio definitivo del ferrocarril en la calva huella

que seguimos, acomodados a la espesa calma de sus talleres,

al detenido movimiento de sus vagones sin tiro, dispersos

al azar entre galpones sin cimientos, arrojados ahí sin siquiera

una llave que guarde sus estantes, criaderos de polvo al viento,

mientras, en el incierto desenlace del día estéril, previendo

la oscuridad y el frío puntualísimos que el ocaso trae de la mano,

tratamos de concentrarnos entrecerrando los ojos al sol de frente

y en el nombre de nuestras bajas, si no hacer memoria, recordar:

a pesar de nuestra común extracción inferior, despreciábamos

los canales abiertos para nosotros por los dueños de las opiniones

y leíamos nuestros clásicos en mal pagadas ediciones de bolsillo

que después, con oscuras manos, poníamos en circulación.

Las mismas manos diestras y obedientes que ahora duermen,

abiertas o cerradas, en los bolsillos vacíos. O casi, porque siempre,

hurgando con dedos acostumbrados al esfuerzo, es posible

descubrir un resto o reliquia que cambiar por el menú del día.

Súbita a la calculada luz del crepúsculo insensible a circunstancias, 

luce como una medalla mientras dura su tiempo de gloria.

Diciembre 2016

Fugacidad de la definición

Rain, Steam and Speed

Exposición a la pintura de William Turner

Para Willie y Lidia, que estuvieron allí

IMPRESIÓN

Rastros de una exposición, como se expone uno al sol, en este caso a una pintura: lo que el sol deja en la piel estos cuadros, atravesando la retina, lo dejan en la atención, que encendida, al despertar, de pronto entiende, es decir ve, pero no delante sino dentro, en el cuarto propio que ilumina la ventana fraguada, lo fugaz de lo que se hace nítido, flagrante, lo inaprensible de la certidumbre, dado en una silueta pero intraducible a un lenguaje explícito, articulado, en la serie del tiempo, fuera de la eternidad, acorde a un dogma ya pasada la epifanía, que la imagen evoca en todo su exceso. En un plano general fuera de foco o también, más radicalmente, la precisa visión de un mundo desde siempre y para siempre en formación, de materia indecisa entre lo líquido, lo gaseoso y lo sólido, casual, ocasional, se destaca como un grito seco en el murmullo, un pico entre nubes o una aleta en el mar un perfil o un cuerpo entero de contornos nítidos, cortantes, prometido de regreso al magma o difuminación que lo rodea, sin principio ni fin como los suyos. Ese instante de concentración fijo en la tela, robado al natural o sea creado, se imprime en el ojo cuyos párpados interiores abre con la vivacidad del momento en que se comprende, con esa misma clavada exactitud, lo que fue vago y se escurría como bruma durante los años en que, como a un punto cada vez más apretado, se lo circundaba. Ahora, suspendida y vertical a la altura de la mirada, bajo los firmes trazos resueltos que atraviesan el espacio enmarcado y la definen, esa cápsula de tiempo conserva la fórmula ilegible de lo entrevisto, por más que la duración vuelva a tejer su niebla alejando a los seres de ese lapso de revelación interior. Todo está deviniendo en la naturaleza expuesta. ¿Se hace y deshace en sí o en la percepción? La luz que alumbra y muestra quema y ciega. El agua y el fuego son luz, el aire y la tierra planos. La cosa preserva de la mirada inconstante. Borrar lo visible es manifestar lo invisible.

The Fallacies of Hope

EXPRESIÓN

Ah, que tú escapes en el instante

en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.

José Lezama Lima

1

…marinas. Estados de la materia.

La luz y el foco. Impresión y memoria.

Concentración: instante equivalente

al punto negro del entendimiento

súbito de lo que fue gris y vago

durante décadas de circundarlo.

Una cápsula impenetrable como

inaprensible es lo que encierra y cifra.

Aunque el tiempo vuelva a tejer su niebla

con el alejamiento de los seres

de ese momento de revelación

interior, en el exterior la forma

conserva firme la huella en el mar,

el paso que se adentra en la espesura

disimulada del aire que muta

en llamarada disolvente, en ola

recurrente del caldero sin fondo,

negación, afirmación, sol que ciega

al iluminado, que pasa y deja

su sombra enraizada en la tela espesa

de haces, gotas, vapor, polvo, chispas…

2

…un mundo magma que hace y deshace

sus objetos flotantes en el agua

y el fuego, la tierra, el aire y el tiempo,

de paso entre lo sólido, lo líquido

y lo gaseoso hacia ese instante

creado, extraído del natural,

donde no se lo encuentra en su elemento,

en que algo que excede todo nombre

alcanza su más nítido perfil,

su silueta recortada del humo

de la locomotora y sus horarios,

su perfecta definición sin lengua

ante un testigo igual de concentrado,

mientras la lenta explosión continúa

y alrededor del marco se hace tarde,

difuso, descompuesto, contagiado…

3

…y todo deviniendo: Apolo, Dafne,

la luz del día, las aguas del río,

las reposadas y las distraídas

a la orilla del camino, los dúos

anónimos que antes de pasar

han de saciarse, los crecientes árboles

y las casuales montañas, el perro

persiguiendo a la liebre como si otra

metamorfosis estuviera a punto

de consumarse en el amplio universo

que a sus criaturas así empequeñece…

Apullia in Search of Appullus

4

…naturaleza. ¿Se hace y deshace

en sí o en la percepción? ¿Te parece

o así son las cosas, sin ser, pasando

por el remolino de la materia

a la incandescencia del resplandor

ígneo o líquido que ves o líquida

visión y consistencia iluminada?

¿Desaparece el mundo bajo el agua

evaporada en el espejo ciego

de tu elaborado deslumbramiento?

¿O son los sentidos exactos, justos

en su correspondiente intermitencia

con el no llegar a ser de las cosas,

salvo durante el momento robado,

como el fuego que nos dio Prometeo,

en medio del impreciso tanteo

temeroso de quemarse, en que, erguido,

un perfil se distingue, inconfundible,

aunque a nadie recuerde? Las palabras

de Heráclito sí las sé de memoria:

reflejan precisas, aunque anteriores,

este amarillo de tonos graduados

entre la luz de gas y el estallido

propio de la brasa absoluta sobre

la que estamos parados o vagamos.

La luz que alumbra y muestra quema y ciega,

la limpia claridad se lleva todo

en su crecida. Mira esos blanqueos

con ojos de chino, conocedor

de lo que significa lo borrado.

Considera la composición: fuego

y agua muestran y ciegan, aire y tierra

son planos de apoyo, elusivos pero

comparables a la tela, que admite

hasta un marco para su exposición.

Borrar lo visible es manifestar

lo invisible, según tal tradición,

pero si existe algún mundo es el mismo

para todos los seres, dice el credo

que sostengo, en el mudo terremoto

representado, el huracán modelo,

el posado incendio o la tempestad

enfrentada al espejo reconstruido

en estudio, a la luz del intelecto

separado, como el mirón, del cuadro

donde seco y fugaz hace alto el fuego

que crece y decrece según medida…

5

…riverrun, past Eve’s and Adam’s, en círculos

concéntricos rodeando la amarga

y fría Naxos, según la leyenda

arrojada como Ariadna allí en medio

del mar, desgraciada, piedra gastada

por las olas pero no relevada

de su posición y aquí sin embargo,

en vez de sola y yerma ante el desierto

salado y oscilante, acariciada

por la marea, que trae de vuelta,

corregida por la composición,

al mismo paso que por los canales,

quizás modelo de este reviraje,

mezclada en la creciente del dios joven,

la espuma levantada por el héroe

desvanecido en el punto de fuga

y ausente de la orilla consultada

por la sedienta del hilo cortado,

exánime después de la aventura,

con Howth Castle and Environs arriba,

a la izquierda, y a los pies dolidos

el estuario de corriente traidora

que en un rincón detrás del árbol negro

que divide el tiempo como un espejo

vuelve a darse la vuelta, remontada

por la troupe del joven dios invertido

pero igual en su reaparición

plástica, retorciendo el horizonte

para rizar el ciclo: a loved a long the…

Bacchus and Ariadne

6

…no sólo la luz en su afección

de la mirada, sino cómo son

las cosas en sí: su metamorfosis

después de su génesis, su romperse

que en el hacerse nace, prometido

desde la gestación por la manera

de concebir, oscura y no mental

como se ofrece a la interpretación.

Pensar en las cosas, no en los objetos

que la mirada eleva a tal concepto,

pensar con las tres dimensiones dadas

al plano por la perspectiva, incluso

cuando ésta venga de la claridad.

Al objeto lo crea la mirada,

que se engaña, se corrige y aguza

la punta de su lápiz, madre fértil

en ideas alumbradas y cuerpos

nombrados, pero las cosas no hablan

ni muestran su interior ni se dan vuelta

para favorecer acceso alguno

e incluso sus funciones les resbalan,

si una mano las ha puesto en el mundo.

Pensar en las cosas. Y no “pensar

las cosas”, que viene a ser fabricar

objetos, sino pensar “en” las cosas

como vienen, como están: ese borde

más allá del que pensar no se puede

y los objetos se funden, caídos

o evaporados en la insolación

que reduce las frentes a una fiebre

voraz en su delirio sin palabras

y visible únicamente en el ciego

reflejo que concentra las miradas

antes de perderlas por el salón…

13–17.9.2022

The Visit to the Tomb

TRANSCRIPCIÓN

Notas tomadas a mano en el programa durante la visita a la exposición en el Museo Nacional d’Art de Catalunya (MNAC)

…marinas. Fugacidad de la definición.

Estados de la materia (sólido, líquido y gaseoso).

La luz y el foco. Impresión y memoria.

Concentración: en el instante equivalente a un punto

en que se comprende lo que fue vago durante los años

en que se lo circundaba: captado, se fija como

una cápsula (forma: aunque el tiempo vuelva a tejer

su niebla con el alejamiento de los seres de ese

momento de revelación interior.

Un mundo magma que hace y deshace sus objetos

en estado flotante entre líquido, sólido y gaseoso

y en el que algo alcanza la nitidez/definición/concentración

en un momento creado (no natural: el del cuadro, cifrado)

rodeado de magma tiempo materia.

Todo está deviniendo: Apolo y Dafne,

persecución de animalitos (perro y liebre).

NATURALEZA

¿Se hace y deshace en sí

o en la percepción?

La luz que alumbra/muestra y quema/ciega.

Agua y fuego muestran y ciegan.

Aire y tierra son planos de apoyo.

Sol luz fuego: borrar lo visible es (un modo de) manifestar lo invisible.

No sólo la luz en su afección de la mirada,

sino cómo son las cosas en sí:

génesis metamorfosis hacerse y deshacerse

pensar en (las) cosas, no en objetos

objeto: para la mirada

cosa: reposa en sí

Apullia in search of Apullus, 1814

Bacchus and Ariadne, 1840

The visit to the tomb, 1850

6.9.2022

Apuntes del natural en la muralla de Cáceres (15 – 21)

«…desde allí, en su amplitud, puede verse la ciudad…»

15. En busca del faro perdido

Se busca a sí misma, realizarse,

ser el centro, o el cetro, fundador

de toda experiencia, elevar la llama

de su calor a la función de guía

para ser vista de noche en lo alto

y de día continuar como estrella

sobre la tierra que ya no la encuentra.

16. Aparte de los peregrinos

Ni por la obra ni por la fe en algún tercero

hay redención. Buscar la salvación es perderse,

como pierde el mendigo su resto de razón.

No soy un médium, porque mis manos no se toman

a otras, ni las leo, ni hago revelaciones

a otros, sino que estas visiones, todas mías,

como piedras las cargo en los bolsillos, cosidos

con el mismo alfiler que mi pie a mi sombra amarra.

17. Inscripción invisible en la pared antigua

Aquí el nuevo Baudelaire. Un poeta

en el turbocapitalismo. Desde

la altura pasajera en la torre que resiste,

proyectando la visión heredada

sobre una ciudad ajena como cualquier otra,

creyéndose su propio Benjamín.

18. Despierto en la siesta

De la tierra, la sangre y las otras convenciones

que dicen que deciden carácter y destino,

nada conservo, no creo ni siento ni pienso

que se cumpla nada cierto en tal fatalidad

asistida por sus creyentes, almas sensibles

y pensadores, sino que sostengo, despierto,

contra la ceja el párpado y la mano operando.

En las alturas

19. El campo visto desde un jardín

Masas de piedra impuestas a la planicie impuesta

bajo el cielo impuesto en cuya cima el sol se impone.

La lengua declamativa y pesada, cruzada

de cintazos en la cara y el lomo de cuero.

Señorío cegado por el sol, aturdido

por el silencio, claramente petrificado.

El agua y la brisa corren buscando refugio

a la sombra de la iglesia, a su lado, no dentro.

20. Del casco histórico al hotel sin huella

Todas las ciudades de provincia que conozco

resuenan con los pasos que patean ahora

ésta que piso por primera vez, demorado

por un desvío que me devuelve al rastro seco

de los ecos en espiral y el reconocido

destino original con que tropiezo de nuevo.

Lunes de retirada

21. Junto a la ventanilla del bus de Cáceres a Badajoz

Entre el campo desesperante que pasa raso

por la ventana y las estridentes, implacables

voces de la radio, anuncien, tertulien o canten,

entre el entretenimiento y la naturaleza,

entre la comunicación y la indiferencia,

sufre tanto el oído como el ojo y con ellos

la médula que los une, como nunca cruzan

sus paralelas el llano y la onda sonora.

Cáceres, 8–9.10.2023

Barcelona, 19–23.10.2023

Apuntes del natural en la muralla de Cáceres (8 – 14)

La fiesta después de la fiesta

8. Escenario para una película de provincias

¡Aliméntate del bien que te permite no ser libre!

Pier Paolo Pasolini, Libro libre

Desde este mirador de la Edad Media,

plano picado: la Plaza Mayor,

disipada ya hoy la noche negra

que familias y músicos reunió,

a pleno sol, encuadrada entre almenas,

evacuadas tristeza y tentación,

desbordante de salud y de fiesta,

y vista desde arriba con rencor.

Perspectiva del juez que, sin ser parte,

ya reprueba o reconoce sin fe

las palabras que escuchó gritar antes

y no está descubriendo en el cartel.

Como un cuadro de Brueghel a medida

de otro clima, sin nieve y sin humor,

colmado de calor y de alegría,

el plano general, la afirmación

reconfirmada de lo consagrado

reconsagrándose en el gran afluir

de piernas al encuentro del amparo

feroz de la estridencia sin matiz.

Día. Ciudad vieja. Todos en cuadro.

Multitud programada y cumplidora.

Su auténtico lugar fuera de campo,

como la alcoba el día de la boda.

La Plaza Mayor mirada de arriba

con angustia y desdén, a reventar

de cuerpos manifestando la vida,

en contraste con el foco mental.

Ya no se sale de misa el domingo,

sino de excursión, detrás del pastor

que vuelve a la naturaleza. Extinto

se alza el cielo sobre el torreón.

La anciana de rodillas en la iglesia

tal vez no se levante. El sol arrecia.

¡Oh, recompensa, después de la carrera dada, / refrescarse tranquilos en la calma heredada!

9. La ciudad abandonada

Es difícil remediar nuestra tristeza porque somos sus cómplices.

Es difícil remediar la de los otros porque somos sus cautivos.

Jean Baudrillard, Cool memories

Trasposición: imaginemos la propietaria

de una librería atendida por ella misma,

abierta con ilusión hace no tanto tiempo,

pero menos visitada de lo necesario

para mantenerse en el centro de la ciudad,

desplazado del histórico, como le pasa

a lo que es provinciano con lo que es capital.

Supongamos, detrás de la cámara elevada

al mirador, parapetada entre las almenas,

su mirada ahora, inclinada sobre el vacío

para mostrar en plenitud la Plaza Mayor

colmada, brillante de plásticos y metales

resonando al entrecruzarse, radios y cascos,

desde la perspectiva que los empalidece.

Matiz: del rencor de quien acusa con el plano

marcado a la pena de los ojos descontentos,

desleídos contra el cielo vacío y radiante

alzado, en el contraplano, sobre su cabeza.

Desencanto a causa de la especie de desaire

que interpreta al contemplar la marcha jubilosa

de la población cabalmente representada

a la Arcadia ilusoria donde quiere volver.

La multitud reunida abandona la ciudad,

el teatro de la palabra y la arquitectura,

rodando simple bajo el arco de Electrocash

hacia el río seco que rodea la muralla.

Por la tarde, mientras lea, oirá a lo lejos, bajo

la colcha de música clásica que la abriga,

el regreso forzoso de los excursionistas

a las mesas urbanas y la ancestral cerveza.

Arriba a la izquierda, un cuarto propio entre almenas

10. Con un ojo en la ventana y otro en la pantalla

Ciudad de provincias con un pasado.

Casco histórico y cañonazos contemporáneos.

La franja de Gaza arde en la Primera

y en la Segunda Bruce Willis salva el Año Nuevo.     

Muros organizados en moles resistentes,

rodeados de calles olvidables.

Huellas de bicicletas en el polvo

que se levanta para caer desdibujado.

11. Exterior apto para refugio

Nadie más en este mirador que cobra entrada

en lo alto de la muralla. Mientras no suba

ningún contemporáneo a visitar el ayer,

aquí tengo un cuarto propio como la librera

no sueña, donde el sol sólo me muestra mi sombra

y los alrededores cegados por su luz.

12. De muro en muro con el sol a la espalda

¿Canto yo la resurrección, como el organista

del desierto templo de San Juan y las cigarras

del poema de Cardenal? No canto la muerte,

porque no se puede. Busco el silencio

como la sombra y mi sombra me encuentra,

reflejo mudo de mi silueta, recortada

de este paisaje tan cerrado como su historia,

expuesta en la conservación del muro

contra el que quiebro mi verbo. ¿Cómo revivir

desenterrado de este llano? ¿Qué primavera

yace bajo este manto de clausura?

El descenso a la antigüedad

13. Al contemplar las ruinas romanas bajo tierra

Inspiración y miseria,

como un fuego en la noche siberiana.

Pide algún deseo al fugaz diamante del pobre.

O mejor frota tus piedras

y hazte pronto una lámpara. Así es

la riqueza miserable de la gran serpiente

cuando, al cabo del despliegue

de sus espléndidos anillos ante el peligro,

acaba devorándose a sí misma

y continúa arrastrándose

malherida, taciturno espiral que agoniza.

Humo que se retuerce. Montoncito

de cenizas en ofrenda

al viento que reanima la brasa.

¿Por dónde cortar el ser que sin pies ni cabeza

se engendra y consume en su propio giro?

Patrimonio de la humanidad son estas ruinas,

los talentos de mi bolsa,

desguarnecidos, son para mi pan.

14. Leitmotiv

Vuelvo en mí y olvido el destino pasajero

o el desencuentro al que debo este reencuentro

con la sombra que me precede, señalada por el sol

como Trimalción por el dedo de Apolo.

Nada que adivinar en este reconocimiento.

Podría dejar estas armas, estas joyas,

el arsenal entero de mis herramientas

abandonado y abierto en la plaza mayor

y nadie acertaría a ponerle un dedo encima.

Nadie tocaría este instrumento marcado

si la miseria, de carácter general, no lo apretara.

Continuará

Apuntes del natural en la muralla de Cáceres (1 – 7)

«…y envuelto en la luz lavada de imágenes…»

Domingo de errancia

1. Al pie de la muralla

Amplitud de la historia, trascendencia:

lo que se quiere es la actualización

de ese espíritu latente y dormido.

La iglesia de San Juan, vacía pero

visitada por el sol dominguero,

deja oír un espíritu sin cuerpo

que sólo por sí mismo y en sí mismo,

para sí mismo canta, vago espectro

de la piedra al margen del río, peso

que la corriente no se lleva, al fondo

de la móvil transparencia ligera.

Espacio aparte abierto y conservado

para un turista lejos del altar

y una señora a mitad de camino

entre la fe y la curiosidad. Sigo,

ya dentro, con la mirada, los arcos

que llevan a la cúpula del firme

interior levantado bloque a bloque

y envuelto en la luz lavada de imágenes

agrego mis pasos al recorrido,

avanzando por la nave mayor

despacio hasta descubrir al artífice

de la voz de la fe con su teclado.

Funcionario civil, con su presencia

ni divina ni angélica me prueba

que no era una grabación el eco

fiel del verbo en el templo sin creyentes,

sino un acto, en mi tiempo ejecutado.

¿“Cantaron”, el señor y su instrumento,

“la resurrección”, como las cigarras

del poema de Cardenal, poeta

llamado a ser pájaro y sacerdote,

para las hembras sordomudas? Cuando,

profanamente instalado en cualquiera

de las largas bancas alineadas,

termino de tomar mis notas, veo

una señora que acaba de entrar

y arrodillarse en la punta. Hay que ser

muy mayor, y parece que mujer,

para rezar. O el hombre, cuando reza,

prefiere no ser visto y sólo oído.

2. Tema

La ciudad vieja y a su alrededor

la ciudad nueva, como en derredor

de un aljibe, con su fondo infinito,

la sed, sin escondite, da su grito.

Un punto de vista elevado

3. Caspar David Friedrich

Desde la perspectiva de algún observador

cultivado situado a mis espaldas, encima

de esta pequeña plaza desde la que me asomo,

éste podría ser un cuadro clásico: solo,

el observador inclinado sobre el conjunto

como yo, apoyado entre estas almenas, contemplo

la alegre concentración en la Plaza Mayor

de lazos de sangre y cercanía, vecindades

y generaciones, orientaciones y gremios,

en nombre del deporte y la vida al aire libre,

prolongada en el tiempo por la buena salud

y en el espacio por los senderos de paseo.

Pero qué claro es todo, sin nubes ni ilusiones,

cómo sube, sin velos ni algodón atenuante,

la algarabía compuesta, voces y bocinas,

cacofonía y megafonía en armonía

irreductible por la discordia o la distancia.

Todo es nítido en la plural confusión: la línea

fina y recta, férrea, de cada bicicleta,

los puntos luminosos de los cascos rellenos,

la voz de cada mudo en el coro universal

y cada frase ostentosamente articulada

por las mandíbulas implacables del vocero

de los pastores del rebaño, con su sentido

indudable remachado sobre la evidencia.

Desde esta posición, ganada cuando la altura

reducía al enemigo y acercaba al cielo,

todos los figurantes caben dentro del marco.

Si se quedaran quietos, podría establecerse

fácilmente su número, aunque crece a medida

que la hora de la cita es también más exacta  

y con la masa aumenta de volumen el ruido.

Cuando la aguja alcanza su pico, lanza el pico

del locutor la bienvenida a los residentes.

Valga como entrada, aunque él querría una salida,

al paseo de un dominguero fuera de sitio

y en un mal día después de un preludio sombrío.

4. Anoche, justo antes de las bicicletas

En este lugar que antes no he visto,

todo sucede como lo he previsto.

Así no me entretienen los bluseros

con todos sus clichés festivaleros,

ni el duro casco con toda su historia.

Regreso al interior de mi memoria.

5. Perspectiva vertical del horizonte

Más allá de los muros de la ciudad antigua,

la ciudad nueva, con sus comercios y viandantes,

y más allá el campo, con su indiferencia ambigua.

Desde lo alto de la muralla, los de antes,

espiando más allá de la población exigua,

vigilarían la marcha de los caminantes.

Más acá, donde crece aún la ciudad contigua

de la que suben tantos ciudadanos rodantes,

la llanura es chatura que lo alto atestigua.

Llamados respondidos en masa unánime: al fondo, el arco de triunfo (efímero)

6. La fiesta de la bicicleta en Cáceres

Oh, deporte, espíritu gregario, absolución,

como en otro siglo en la iglesia ahora vacía,

de la soledad por la santa comunidad,

salvada hoy no por la espera de un vago reino,

sino por la partida con vuelta organizada.

Celebra tus fastos, poder de lanzar llamados

respondidos en masa unánime y sobre ruedas,

ante estos sordomudos convidados de piedra

que puedes ignorar, contando con su respaldo.

Estas torres, escaleras, casas y murallas

ya no contienen a los pobladores nativos

que, indiferentes a los restos que los rodean

e identifican, buscan otro entretenimiento

y lo encuentran en la exploración de las afueras

de su ciudad, conocidas pero sin lecciones.

Desde la muda distancia que dan las almenas

al forastero ocioso que entre ellas se asoma,

la vasta celebración se ve proporcionada,

pero se oye desde una distancia aún mayor.

7. Arco de triunfo

Pasacalles inflable de Electrocash, el paso

obligado de todos los ciclistas de paso

del vórtice llano donde quién no marca el paso

a las vastas afueras que venden libre paso.

Continuará

Ilusión y entretenimiento 2

Versión simplificada

Buena o mala, tanto la narrativa como la poesía promovidas se definen por un rasgo opuesto al de la literatura moderna: son simples. Aunque al lector se le escape el significado último, incluso inconsciente, del texto en cuestión, siempre cuenta con un sentido o referente inmediato que le garanticen una comprensión suficiente, al menos para él. El problema es cuánto vale eso que le basta: si esa comprensión es efectivamente suficiente y para quién. Lo que éste comprenda determinará su valor como lector. Pues lo simple, incluida la síntesis que ése mismo pueda hacer del material leído, es genial cuando condensa una cuestión compleja: la forma que contiene y señala efectivamente los elementos dispersos que así por fin forman un conjunto. Pero esa genialidad está en relación directa con la complejidad de lo que traduce. “Toda verdad es sencilla. ¿No es ésta una doble mentira?” (Nietzsche) Las verdades simples suelen ser las de la ideología. Analizada y cuestionada ésta, reaparece el magma conjurado. El circuito cerrado de la comunicación equivale a la circulación de la ideología, que más verdadera parece cuanto menos descompuesta. Y por eso es enemiga de la composición y exige lo espontáneo, ya que tal conducta responde al reflejo condicionado por las condiciones propias de la ideología. Pero detrás de esa conclusión que parece inmediata y sencilla se esconden muy enmarañados procesos: eso es lo que se barre bajo una alfombra rotunda y se procura olvidar como a una pesadilla.

Un espacio de cavilación (Pinter)

El teatro es la relativización del coro. Todas las declaraciones moralistas del coro, ya en la tragedia griega o isabelina, quedan cuestionadas por el solo hecho de que una voz se desprenda de él para cantar sola (Henríquez Ureña). Fausto (Marlowe) y Don Giovanni (Mozart y Da Ponte) son ejemplos de esta práctica, que en lugar de resolver la contradicción en una síntesis la deja abierta. En esa grieta entre dos costas, o ríos divergentes, vive el teatro. Nace de la separación, que también es su tema.

Infierno para todos

Las utopías pueden ser personales, pero las distopías siempre son colectivas. Promiscuidad del infierno, ilusión de atenuar el sufrimiento compartiéndolo o repartiéndolo, deseo egoísta de socializarlo, mientras el deseo del bien se lleva de lo más bien sobre los propios hombros. Cuando la visión del futuro se hace proyección del malestar presente, lo individual se convierte en colectivo a través de la identificación por contagio y su cultivo bajo idénticas condiciones para todos: la realidad que esas conciencias se dan a sí mismas. Las buenas distopías son lúcidas. No proyectan el interior de nadie, sino las consecuencias de algo ya en marcha y bien captado en el exterior de la caverna. Esas visiones objetivas no expresan el malestar sino sus causas, que suelen desenterrar de debajo de ruinas muy antiguas y fechar con tanta precisión como profundo caven.

Hacer oír al mundo que estamos aquí

Pasión de la especie: reunirse todos juntos en un espacio que toman o copan, cuantos más mejor, y gritar tan fuerte como puedan para espantar ese silencio que estremecía a Pascal aunque ellos jamás lo hayan oído, pero sí hablar de él. Modelo universal, maneras nacionales. Españoles por el mundo, españoles a los gritos. Hacer del mundo un plató de televisión. Un plato con bombos y platillos. El infierno como promiscuidad o su contrario, el espacio deshabitado. Silencio del que mueve el sol y las estrellas. Tumultuosos ríos de voces que se funden en un mar atronador.

Segunda naturaleza

Nunca se escribió, publicó y leyó tanto, pero tampoco nunca se habló tanto, en un mundo en el que todo, objetos y espacios, comunica. El rumor ensordecedor de las terrazas repletas, como el múltiple cantar de los pájaros en los árboles al caer la tarde. Diferencia de los acentos y los timbres, los humanos aturden y los pájaros no. ¿Nacidos para cantar de otra manera, no reunidos así al azar de la oferta comercial y de la moda, sino en ámbitos donde la palabra sea inteligible?

Hipocresía y cinismo

La burguesía es al capitalismo lo que el profeta al mesías, con la diferencia de que lo que anuncia no es el Verbo o la Palabra sino la Cosa, que por ser lo que es no la reconoce, como Jesús a Juan, sino que sólo la supera, implacablemente.

Da capo

Insistir es la forma activa de resistir.

La educación del olfato

El conocimiento del cliente incluye un sutil matiz de desprecio. Se conocen sus debilidades. A menos que sea inocente, como el del camarero de Yo serví al rey de Inglaterra, que comparte las inclinaciones de aquellos a los que sirve y aspira a satisfacerlas porque sueña con la misma redención que ellos. Pero la inocencia está llamada a su caída, no pudiendo evitar todo tropiezo. El desprecio equilibra entonces el rencor y hace posible una negociación amistosa.

Gravedad

Desear lo posible: lo más difícil, como si lo imposible fuera justamente la propia matriz del deseo. Como si lo difícil fuera trascender al revés: pasar de aspirar al cielo a querer la tierra, que a pesar de estar bajo nuestros pies nos pesa, como anunciándonos que terminaremos debajo suyo.

Ligereza

Como si: simulación del pensamiento. O simulacro de pensamiento.

Espacio no apto para edificar

El conocimiento desmitifica y así deprecia. Convierte en mortal al dios. Saber sosiega pero mata la esperanza. El vacío que ésta deja es ese lugar que el saber no ocupa.

Carnada

El mercado deprecia. O defrauda. O recurre a la inflación. Lo que se lanza allí es un cebo y quien pica lucha enseguida contra el anzuelo. O por él. La sangre atrae al tiburón y repele al pez gordo. Pero nadie se alimenta de carnadas.

Hermetismo o censura

El límite lo pone el lector que uno imagina.

Karaoke literario

El lector imita al autor.

Quinta columna

Acometer una tarea superior a las propias fuerzas es ir contra las propias fuerzas.