Simulacros de inmortalidad III

5

El alto retrato que preside el comedor

devora a los comensales. En la cabecera

opuesta al patriarca, el padre y patrón,

como un espejo, replica al que fuera

modelo que el artista, como es conveniente,

transfiguró en la obra, legando al fiel olvido

lo menos favorable, que desmienten

aquellos que el favor han padecido.

Con el que más almuerzan aquí los prominentes,

cuyo círculo, atento, gira hacia un centro nuevo,

sentado a la derecha del ungido.

Tiene el gesto antiguo de su padre, pero el huevo

del cráneo paterno mantiene en él la cresta

heredada erguida sobre la orquesta.

6

Sólido sigue siendo el Coliseo,

y bien proporcionado,

aunque no funcional. Más alto era

el Coloso y cayó,

pero su sombra aún hoy es más larga

que el decretado olvido.

Lo demasiado, demasiado sólido

se disuelve y persiste

en su absurdo lugar la referencia

que cabe en un archivo,

y un archivo no es más un edificio,

sino un inmaterial

registro de cifradas percepciones

que pueden ya perder

su objeto y reproducirlo más tarde,

si hace falta, en su entera

inteligibilidad. Si retira

lo ilegible de sí,

cualquiera, devenido información,

puede evitar las fauces

de los leones por más que estos rujan

condenando lo insípido

de la nueva administración. Colosos

ya no hay, salvo torres

de corporaciones, no de cuerpos

que al cielo desafíen.

En un código cabe lo que puede

salvarse. El resto es polvo.

15.10.2022

Simulacros de inmortalidad II

3

¡Paso a lo que no pasa, a la santa madre virgen,

a la diosa otra vez recién nacida

que en nuestros hombros cargamos y en nuestra memoria

resplandece por siempre entre los mustios

ramos que cambiamos y las óseas reliquias

que lustramos en los meses sombríos

de la gestación, a la fría orilla del lecho

del río de la vida por venir,

mientras el fuego crece y la noche retrocede

previendo la victoria de la luz

en los ojos de quien nos alumbra, faro, reina

que conducimos donde nos conduce,

por encima del polvo, del barro y del deshielo,

sobre lomos doblados por el hambre,

hacia el palacio de la abundancia celestial,

residencia de nuestra pasajera

en su eternidad, de la que pródiga desciende

para guiarnos a la fuente terrena

de la que al fin del camino a nacer volveremos,

como hoy brotan los pétalos del año,

pero ya en su regazo, para ya no pasar!

4

“El que ve a su doble muere”,

repite el pueblo, en susurros,

desde el primero, a sus hijos,

para que no oigan terceros.

Pero busca, en su orfandad,

bajo puentes y escaleras,

el reflejo o sombra justa

que confirme su existencia.

Como si vidas pasadas

o un cadáver de regreso

devolvieran un sentido

al presente que no tiene.

Del doble, el original

se reserva, pero ¿dónde?

Lo que aparece se esconde

bajo apariencias gastadas.

Quien resucita ya es otro.

¿Podemos ser esos otros?

¿Reconocemos acaso

a nuestros dobles al verlos?
 

14.10.2022

Simulacros de inmortalidad I

Grande es tu nombre entre las gentes

1

“Un animal disfrazado de dios”,

como dijo al pasar alguien delante de un mito

viviente, de alguna de esas enormes,

largas sombras que de pie no pasan por las puertas,

un amigo del pueblo o del espíritu

saludado en salud por multitudes y élites,

devenido a través del Panteón

un tótem con levita acosado por los pájaros

y despojado de los atributos

que las caras de las especies representadas

habrían conservado con creencias

diferentes, en otra cultura, con un arte

menos mimético que el practicado

entre las rejas y las fuentes del parque público

donde se irguió sobre los peatones

durante décadas, hasta la última reforma,

que recortó, de su antigua figura,

la moderna, que envejece mal, y enterró el resto

con el tiempo en que el cuerpo aún servía,

dejando, para reconocerlo, a imitación

de los romanos que fueron modelo

de retórica en la época que en él pervive

llamándolo repúblico o tribuno

con letras polvorientas grabadas en la piedra

regular que lo separa del suelo,

la conservada cabeza encima de los hombros

y nada más, de animal ni de dios.

¿Sabes quién viene a cenar?

2

Yace aquí, pero de pie

y con la mano tendida,

aquel comendador que,

después de perder la vida,

invitado a una comida,

invitó, para el café,

a su anfitrión al infierno,

donde el destino es eterno,

según enseña su fe.

Pero al infierno él no fue.

13.10.2022